27 jul 2012

Que te cures


Refuá Shlemá - Que te cures

Se dice que D's hizo una gran bondad al crear la enfermedad en el mundo, y no que se muera repentinamente. Esto es lo que le pidió Yaakov Abinu (Jacob nuestro padre) a D's, ya que quería bendecir a sus hijos, encomendarles y arreglar todo antes de irse, y D's le respondió afirmativamente (antes de esto la enfermedad era relativamente desconocida). 

Gracias a que la persona está enferma puede despertarse y hacer teshuvá (arrepentirse) y arreglar todo lo que necesita arreglar. La enfermedad no es algo completamente negativo, porque permite corregir los pensamientos y el comportamiento en las cosas importantes en la vida y nos libera de la mezquindad que tan a menudo domina nuestra existencia. 

Ya que la persona no sabe si tendrá la oportunidad de enfermarse antes de irse de este mundo, debe estar siempre como dice el versiculo: “que en todo momento estén tus ropas blancas”, lo que quiere decir volver en teshuvá. Y si la persona se enferma debe recordar cuál es el propósito de la enfermedad.

Quien padece de una enfermedad puede orar de esta manera:

¡Oh Eterno, no me reprendas en Tu ira, ni me castigues en Tu indignación! Compadécete de mí, oh Eterno, porque languidezco! ¡Sáname, oh Eterno, porque mis huesos se estremecen! También mi alma se estremece. ¿Hasta cuándo, oh Eterno? ¡Vuelve! oh Eterno, libra mi alma. ¡Sálvame por Tu misericordia! Por cuanto en la muerte no hay recuerdo de Ti. En el sheol, ¿quién te alabará? Estoy agotado de tanto gemir. Todas las noches hago nadar mi cama. Empapo mi lecho con mis lágrimas. Mis ojos están turbios de tanto sufrir. Envejecen por causa de todos mis adversarios. Apártense de mí todos los engañadores, porque el Eterno ha oído la voz de mi llanto. El Eterno ha escuchado mis súplicas. Todos mis enemigos se avergonzarán y se asustarán. Se volverán y serán súbitamente avergonzados.

Cúranos, oh Eterno, y seremos curados. Sálvanos, y seremos salvados porque Tú eres nuestra alabanza.  Y tráenos perfecta curación a todas nuestras heridas por cuanto Tú, oh Rey Todopoderoso, Eres Fiel y Misericordioso Curador. Reconocemos que eres la Fuente de Todo, Tú, Eterno, el que curas los enfermos y liberas a los oprimidos.

Misheberaj

El, que bendijo a nuestros ancestros Abraham, Yitzaac y Yaacov, a Sarah, Rivka, Rajel y Lea, extienda la Bendición de la salud sobre................................Que en su infinita misericordia le conceda el pleno restablecimiento y la pronta recuperación total, de su alma y de su cuerpo, y a todos los enfermos de Israel Amén.

Así como nuestros antepasados fueron bendecidos en el seno de las congregaciones que los apoyaban, también nosotros ofrecemos nuestros ruegos cada vez que uno de nosotros necesite la bendición de la sanación total.  Así oramos por -----------------------------------,(nombres) que sean aliviados y reanimados con la curación del cuerpo y de la mente, y que rápidamente vuelvan a gozar de salud, bienestar y fortaleza. 

Baruj Atá יהוה, Rofé Hajolím.
Bendito Seas, Oh יהוה, que curas a los enfermos.
Amén, Amén VeAmén Selá

3 may 2012

La sal de la Tierra


El maestro dijo:
“…Vosotros sois la sal de la tierra…”

Para comprender qué es lo que quiso decir con esta analogía debemos tener en claro las características que tiene la sal.

- No se arruina y puede preservar otros alimentos.
- Sirve como un condimento, es decir, da sabor a los comidas.
- La sal era, y puede ser usada, para sanar heridas, aunque puede resultar doloroso hacerlo, echar sal a una herida impide que ésta se infecte.

Tomando como referencia estos puntos podemos comprender algo de lo que quiso decir. Pero hay más.

La sal también es un símbolo de pacto, como está escrito: “Sazonarás con sal toda ofrenda vegetal que presentares, y no harás que falte jamás de tu ofrenda vegetal la sal del pacto de tu Dios; con todas tus ofrendas ofrecerás sal” (Vayikrá/Levítico 2:13), por lo que los sabios dedujeron que El Creador, Bendito sea, hizo un pacto con la sal, pacto que se extiende a nuestras mesas tal como se expresa en el Shulján aruj “Es un precepto traer sal a la mesa antes de cortar el pan; porque la mesa se asemeja al altar, y la comida a la ofrenda. Y está dicho: «con todas tus ofrendas ofrecerás sal»”.

Un punto muy importante es saber que nuestra mesa debe ser considerada como un altar, debido a que el acto de comer es un medio por el cual nos ligamos a nuestro Creador (cada acto que realizamos debe tener el mismo propósito).

Rashi, considerado como el más excelso comentarista de la Biblia y el Talmud, explica que el pacto entablado con la sal se remonta a los seis días de la creación del mundo; ya que en aquel entonces les fue asegurado a las aguas inferiores que serían ofrecidas sobre el altar. Y esto se cumple a través de la sal, que proviene de las aguas (Rashi; Siftei Jajamím).

Así mismo, se dice en que la sal resguarda del castigo. (Ramá, Mishná Brurá Oraj Jaim 167:5). Debido a que en la mesa, mientras todos los comensales se lavan sus manos para comer el pan con pureza, los que ya lo hicieron esperan –sin recitar la bendición por el pan y cortarlo, hasta que todos estén en condiciones-, y en ese ínterin se encuentran desprovistos de preceptos, entonces el Satán pretende acusarlos, y es el pacto de la sal que los protege.


Dicho todo esto sobre la sal podemos establecer mejor nuestra identidad y nuestra  función en este mundo.
Oremos por la pronta venida del Mashíaj ben David.