1 feb 2012

SHULJÁN ARUJ CAPÍTULO 6: LEYES RELATIVAS A LAS BENDICIONES

LEYES RELATIVAS A LAS BENDICIONES

Antes de pronunciar cualquier bendición, debemos asegurarnos cuál es, de modo que cuando mencionemos el Nombre de D’s, lo cual es la parte más importante de la oración, nosotros sabemos por qué le agradecemos a Él.
No debemos hacer otra cosa mientras recitamos la oración ni tomarla a la ligera. No debemos realizarla automáticamente como un hábito.
Debemos concentrarnos en el significado de cada palabra, sobre todo al rezar el Nombre de nuestro Creador

Isaías 29, 13: “Porque este pueblo se me acerca con su boca y con sus labios me honra, mas su corazón se alejó de mí, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombre” y los sabios nos previenen en Nedarim 62a “Haced cosas por el amor a su Hacedor”

El hombre debe acostumbrarse a decir las oraciones de viva voz, porque la voz bien audible conduce a la concentración de la mente.

Cuando recitamos las bendiciones, nuestras bocas deben estar libres de saliva, ni debe haber en nuestras bocas ninguna otra cosa, tal como lo expresa el Salmo 71,8: “Sea llena mi boca de Tu alabanza”.

Está prohibido pronunciar el Nombre de D’s en vano. Está incluido en el concepto del temor, el que no se debe mencionar Su gran Nombre a menos que esté de paso en el rezo o la bendición necesaria, o cuando se estudia la Torá.

Al mencionar el nombre de D’s –bendito sea Su Nombre–, todo nuestro cuerpo debe temblar, mas no se le debe mencionar en vano, D’s no lo quiera. 

Está prohibido pronunciar el Nombre de D’s no solo en lengua sagrada (hebreo) sino también en cualquier otro idioma. Debido a nuestras inclinaciones pecaminosas, la mayoría de personas son descuidadas en el hablar y suelen decir: “D’s lo castigará”, etc. por lo tanto, No se debe maldecir y menos si se hace pronunciando el Nombre o algún atributo suyo.

Debe tratar de no escribir el Nombre en cartas u otros escritos pues sabemos que en el transcurso del tiempo esta carta será echada en un basural.

El hombre debe pronunciar diariamente por lo menos 100 bendiciones. Esta ley fue establecida por el rey David. Una alusión sobre ello se encuentra en 2 Samuel 23, 1: “Dijo aquel que fue levantado en lo alto” (en hebreo al, en lo alto). El valor numérico de las letras en la palabra es cien. Una base de esto se encuentra en Deuteronomio 10, 12: “Ahora pues, Israel, ¿Qué (en hebreo ma) requiere el Eterno tu D’s de ti, sino que temas al Eterno?”, etc. No se lee ma (qué), sino meá (cien), y ello se refiere a las cien bendiciones.

El rezo de las bendiciones creará en uno el temor a D’s, el amor a Él y lo impulsará a tenerlo siempre presente.

Las maldiciones contenidas en Deuteronomio 28, 15-61 suman noventa y nueve, y si se les agrega (Loc. Cit. 63) “Todas la enfermedades y las plagas”, el número aumenta a cien. Las cien bendiciones que se pronuncian diariamente nos protegen de estas cien maldiciones. (Las bendiciones)

Al escuchar una oración dicha por un semejante se debe decir: “Baruj hu ubaruj shemó (Bendito sea Él y bendito sea su nombre) cuando se oiga el Nombre, y responder amén, a la conclusión de la bendición. Amén significa “es verdad”, por lo tanto debemos tener en cuenta que lo que dice la bendición es cierto y que nosotros creemos explícitamente en ella. Además debemos tener mucho cuidado en pronunciarla correctamente.

23 ene 2012

El mal del milenio: la egolatría

Mientras que la gran mayoría nos quejamos casi irracionalmente por las famosas SOPA y PIPA. Que ya no podemos descargar nuestras películas favoritas o las canciones de moda y blablabla... y al navegar por la web, de súbito, esta foto me avergonzó y me hizo dar cuenta del gran mal de nuestros tiempos: LA EGOLATRÍA.


Está escrito de esta manera en Sefer Kav haYashar, Cap 9

“Quienquiera que da una moneda a una persona pobre gana seis bendiciones, mientras que quien la consuela con su palabra gana once.” Porque el corazón de la persona pobre siempre está amargado por su incapacidad de obtener lo que necesita...Ya que cuando llega el invierno la persona rica se sienta como un príncipe en su cálido hogar. Pero el pobre no tiene manera de calentarse. Porque todos los días del pobre están llenos de sufrimiento, día y noche...Y cuando llegan Shabat y Yom Kipur, un tiempo para regocijarse con comida y ropa limpia, los pobres carecen de estas cosas y aún así alaban y agradecen a su Señor...

¿Quién puede poner en el papel todo lo que el pobre sufre? 

Por consiguiente os advierto: quienquiera que ayude a una persona pobre en su tiempo de necesidad debe ser muy cuidadoso en hacerlo de manera tal que no la avergüence, D's no lo quiera, porque para el pobre ya son suficientes los sufrimientos de la pobreza.

Desde ahora, -D's quiera- al dar una dádiva hacer como Yeshúa Hamashíaj enseñó: Tú, en cambio, cuando des caridad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. 

... me retiro a practicar...